Como coach y formadora de Mindfulness, acompaño a muchas personas que llegan a mis programas con una sensación común: viven desconectadas de sí mismas, atrapadas entre un pasado que pesa y un futuro que inquieta. Por eso, cada vez que escucho a profesionales como Marian Rojas, siento que su mensaje encaja profundamente con lo que veo cada día en mis talleres y sesiones:
«El bienestar real empieza cuando aprendemos a volver al momento presente«
En esta charla, Marian compartió ideas que confirman que la felicidad no es algo que se busca fuera, sino algo que se cultiva dentro. Aquí te comparto un resumen de los puntos más valiosos, integrados desde mi perspectiva de acompañamiento y práctica diaria.

La felicidad ocurre en el ahora
La felicidad sólo puede experimentarse en el presente. El pasado suele traer memorias o traumas, y el futuro activa la angustia de lo que podría suceder. Conectar con el ahora es esencial para disfrutar lo bueno que llega y gestionar lo difícil desde un lugar más consciente y menos reactivo.
Expectativas, sentido y la importancia de parar:
Marian insistió en que la felicidad está estrechamente vinculada con nuestras expectativas y con el sentido que le damos a la vida. Para encontrar ese sentido, es imprescindible frenar y parar, crear espacios de silencio donde podamos preguntarnos:
¿Qué me mueve realmente hoy?
¿Qué necesito?
¿Hacia dónde quiero ir?
Ese detenernos también abre la puerta a una herramienta esencial: conocer nuestra voz interior. ¿Es una voz crítica que nos limita o una voz constructiva que nos acompaña? La manera en la que nos contamos las cosas —incluso antes de que sucedan— tiene un impacto directo en nuestra salud, en nuestra actitud y en la forma en la que experimentamos la vida.
Cortisol: vivir intoxicados de alerta
Uno de los puntos centrales de la charla fue el papel del cortisol, la hormona del estrés. Hoy vivimos en una sociedad intoxicada de cortisol y adrenalina, en un modo constante de alerta. El cortisol se activa no solo ante peligros reales, sino también ante la supervivencia afectiva: miedo al rechazo, al abandono, a la soledad.
Marian recordó un dato sorprendente:
El 90% de las cosas que nos preocupan nunca llegan a ocurrir.
Sin embargo, nuestro cuerpo reacciona como si fueran reales.
Este estrés tóxico y sostenido afecta:
• Al sistema inmune
• A la microbiota
• A la piel
• Al estado de ánimo
• A la capacidad de atención
• Y bloquea la corteza prefrontal, el área del cerebro que nos ayuda a frenar, tomar perspectiva, empatizar, autorregularnos y entendernos.
La infancia también influye: los traumas activan mecanismos de alerta que, si no se trabajan, continúan en la vida adulta.
Mindfulness como antídoto
Mindfulness como entrenamiento del cerebro
La buena noticia: la corteza prefrontal puede entrenarse. La meditación y las prácticas de mindfulness, avaladas por investigaciones científicas, ayudan a fortalecerla. Lo veo cada día en mis grupos y programas: cuando las personas entrenan la atención, todo cambia. Su calma, su claridad y su capacidad de responder en vez de reaccionar se transforman.
La era de la dopamina: placer inmediato y atención fragmentada
Otro concepto clave fue la intoxicación de dopamina. Marian explicó cómo buscamos placer constante para evitar el dolor, y cómo las redes sociales se han convertido en “la nueva droga que entra por los ojos”.
El cerebro recuerda aquello que le tranquiliza o le da una recompensa rápida. Por eso, ante aburrimiento o estrés, recurrimos automáticamente al móvil. Esta búsqueda constante de estímulo reduce la actividad de la corteza prefrontal y contribuye a la crisis de la atención. Y por lo tanto al aumento de cortisol, estrés en nuestras vidas.
Espiritualidad: el gran alivio
Marian también habló de la dimensión espiritual como un recurso profundo de calma. Conectar con algo más grande —sea fe, propósito, naturaleza o gratitud— reduce la ansiedad y da un sentido más amplio a lo que vivimos.
En mi experiencia, cuando la meditación incluye un toque espiritual, la transformación personal se vuelve más liviana y significativa.
Oxitocina: volver al amor
La oxitocina, la hormona de los vínculos, equilibra el estrés y abre la puerta a la calma. Un abrazo de 10 segundos a una “persona vitamina” tiene un poder neurobiológico real.
Como concluyó Marian: lo que nos salva es el amor. Volver al afecto, al abrazo, a la risa y a lo esencialmente humano.

✨ ¿Te gustaría aprender a regular tu mente, reducir el estrés y volver al presente?
Te invito a formar parte de mis programas de Mindfulness y Coaching, donde trabajamos estas herramientas de manera práctica, humana y transformadora.
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👉 También puedes unirte a mi programa MBW de nueve semanas para transformar tu bienestar desde dentro.
Volver al presente es volver a ti. Te acompaño cuando quieras.




